Investigadores detectaron que el sistema tectónico que atraviesa Tierra del Fuego se encuentra bloqueado en profundidad y acumula energía. Desde hace años, nuestro medio viene informando y promoviendo campañas de prevención ante el riesgo sísmico en la región.
Un nuevo estudio científico volvió a encender las alertas sobre la actividad de la Falla Magallanes‑Fagnano, el principal sistema tectónico que atraviesa la Isla Grande de Tierra del Fuego y marca el límite entre las placas Sudamericana y Scotia.
La investigación, desarrollada por especialistas de la Universidad de Chile, detectó que el segmento central de la falla presenta un “bloqueo” a unos 6,5 kilómetros de profundidad. Esta condición impide que la energía acumulada por el movimiento natural de las placas —estimado en alrededor de 5 milímetros por año— se libere de manera progresiva, generando un escenario propicio para un eventual sismo de magnitud considerable.
El trabajo se basó en tecnología GNSS de alta precisión, que permitió medir desplazamientos milimétricos en la superficie terrestre fueguina. Según los investigadores, la acumulación de energía elástica es consistente con el comportamiento histórico del sistema, responsable del terremoto de 1949, uno de los más importantes registrados en el extremo sur.
Desde este medio hemos seguido de forma sostenida la evolución de la actividad sísmica en la región, difundiendo estudios, entrevistando a especialistas y promoviendo campañas de concientización sobre prevención y protocolos ante emergencias. La información científica confirma la importancia de mantener activo el debate público y reforzar la preparación comunitaria.
Si bien los expertos aclaran que no es posible predecir cuándo podría ocurrir un evento mayor, el monitoreo constante permite comprender mejor el riesgo y planificar medidas de mitigación. En una zona donde históricamente la percepción de amenaza ha sido menor que en el norte del país, los datos actuales reafirman que Tierra del Fuego forma parte de un sistema tectónico dinámico y activo.
La ciencia aporta evidencia; la prevención, en tanto, sigue siendo una responsabilidad compartida.



